SI LAS PAREDES HABLARAN

Decir lo que se piensa no es fácil, de hecho, en ocasiones, se torna casi imposible. Aceptar lo que se piensa es igual de difícil o más.

El pensamiento tiene que ver con la forma de desnudo más vulnerable que existe. Las emociones existen porque les ponemos nombre, y pensamos sobre ellas, y antes que ellas, existió el pensamiento que las hizo brotar.

El cuerpo reacciona, y yo pienso acerca de él, de esas sensaciones, luego, se disparan emociones.

En las paredes de cualquier habitación se escuchan palabras que nunca se pronunciaron en alto, y en nuestra cabeza, retumban aquellos pensamientos que nunca desnudamos ni desnudaremos. Porque hay que protegerse, porque es bueno vestirse, porque a veces, hasta es bueno abrigarse.

La desnudez debe servirse como el tequila, a pequeños tragos, por si atraganta al que la ve, por si hiere al que se desnuda. Nadie que se desnuda al instante lo está haciendo en realidad, todos llevamos una ropa interior de pensamiento, que, en la intimidad, y con la confianza merecida y ganada, puede desprenderse.

Sólo las habitaciones de nuestro cuerpo conocen los más íntimos secretos, los que queman, los que asustan, los que abrigan, los que protegen.

Si los labios hablasen los secretos de las paredes, todo sería tan rápido y tan inesperado que la vida se convertiría en un tren de alta velocidad que puede vomitarte en cada parada.

Y a veces te preguntas, … ¿y si no me hubiera vomitado?

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