La pareja es algo muy valorado por la mayoría de los seres humanos, y aunque no es algo imprescindible para el pleno desarrollo del individuo, la realidad es que vivimos en unos tiempos dónde muchas parejas que se quieren, terminan separándose, por no saber cómo resolver situaciones pasadas o presentes.

La terapia de pareja es indicada para aquellas parejas, dónde ambos miembros, y esto sí es imprescindible, quieren salvar su relación, analizando en dónde falla, y aprendiendo nuevas formas que le ayuden a la relación a convertirse en una relación sana, que cubra las necesidades de ambos, y deje de ser disfuncional.

El Amor es algo semejante a un árbol, debe alimentarse de la forma adecuada, las raíces deben tener espacio, las ramas, suelen tener cicatrices de podas que se realizaron por el camino de su crecimiento, y su copa tiene que ser libre y tener el espacio suficiente para ser lo que vino a ser, sin más, un árbol en plenitud.

La pareja es igual. Dos personas deciden libremente unir sus vidas en el camino de la vida. En la relación la vida golpea duro, a alguno de los miembros, a los dos, a la pareja en sí, van quedando cicatrices, y ambos, necesitan espacio para crecer como seres, sin que ninguno empequeñezca al otro.

El enamoramiento exaltado del principio se va desvaneciendo, y ahí es donde el Amor empieza a crecer, y es dónde puede convertirse en un vínculo sano o patológico.

El legado que nuestros padres y abuelos nos han dejado a algunos de nosotros, nos da un ejemplo de amor muy diferente a lo que hoy en día sentimos que necesitamos en una relación. La sociedad, el contexto, influye enormemente. En antaño, algunas relaciones de pareja eran “tratos”, dónde el hombre facilitaba el sustento familiar, y la mujer la atención del hogar y los hijos, así cultivaban relaciones diferentes por mera supervivencia. No podemos ni debemos juzgarlas, pero es la realidad.

A nuestra generación, le toca una tarea muy complicada, porque si a los ejemplos que tenemos de lo que es una relación, a través de nuestros padres o abuelos, dónde existían probablemente insatisfacciones emocionales, sexuales, de autorrealización, de alguno o de ambos miembros de la pareja, le sumamos el estereotipo del amor romántico o idealizado de la industria del cine o de alguna literatura, la cosa se complica. Existen por este motivo, personas enamoradas del amor, de ese amor idealizado, que jamás logran satisfacer en las parejas que tienen, algo que también es disfuncional en la vida.

Nos toca aprender desde dentro de nosotros mismos a inventar el Amor, a esculpir vínculos de pareja sanos, vínculos que funcionen, a saber distinguir y darme cuenta de qué necesito y qué necesita la otra persona, dónde no existan relaciones de dominación, poder, ni dependencia, dónde ambos miembros tengan todas sus necesidades cubiertas, intelectuales, emocionales, sexuales, y de proyecto común de vida, y dónde nos demos cuenta que en cualquier pareja, existen tres componentes, el primero, es la pareja, y los otros dos, cada uno de sus miembros por separado, que no puede reprimir su propio desarrollo personal por el mero hecho de estar en pareja. Esto es algo que trae insatisfacciones y muchas separaciones de personas que en el fondo sólo tenían que reinventar su relación y su forma de amarse.

La pareja es algo muy valorado por la mayoría de los seres humanos, y aunque no es algo imprescindible para el pleno desarrollo del individuo, la realidad es que vivimos en unos tiempos dónde muchas parejas que se quieren, terminan separándose, por no saber cómo resolver situaciones pasadas o presentes.

La terapia de pareja es indicada para aquellas parejas, dónde ambos miembros, y esto sí es imprescindible, quieren salvar su relación, analizando en dónde falla, y aprendiendo nuevas formas que le ayuden a la relación a convertirse en una relación sana, que cubra las necesidades de ambos, y deje de ser disfuncional.

El Amor es algo semejante a un árbol, debe alimentarse de la forma adecuada, las raíces deben tener espacio, las ramas, suelen tener cicatrices de podas que se realizaron por el camino de su crecimiento, y su copa tiene que ser libre y tener el espacio suficiente para ser lo que vino a ser, sin más, un árbol en plenitud.

La pareja es igual. Dos personas deciden libremente unir sus vidas en el camino de la vida. En la relación la vida golpea duro, a alguno de los miembros, a los dos, a la pareja en sí, van quedando cicatrices, y ambos, necesitan espacio para crecer como seres, sin que ninguno empequeñezca al otro.

El enamoramiento exaltado del principio se va desvaneciendo, y ahí es donde el Amor empieza a crecer, y es dónde puede convertirse en un vínculo sano o patológico.


El legado que nuestros padres y abuelos nos han dejado a algunos de nosotros, nos da un ejemplo de amor muy diferente a lo que hoy en día sentimos que necesitamos en una relación. La sociedad, el contexto, influye enormemente. En antaño, algunas relaciones de pareja eran “tratos”, dónde el hombre facilitaba el sustento familiar, y la mujer la atención del hogar y los hijos, así cultivaban relaciones diferentes por mera supervivencia. No podemos ni debemos juzgarlas, pero es la realidad.

A nuestra generación, le toca una tarea muy complicada, porque si a los ejemplos que tenemos de lo que es una relación, a través de nuestros padres o abuelos, dónde existían probablemente insatisfacciones emocionales, sexuales, de autorrealización, de alguno o de ambos miembros de la pareja, le sumamos el estereotipo del amor romántico o idealizado de la industria del cine o de alguna literatura, la cosa se complica. Existen por este motivo, personas enamoradas del amor, de ese amor idealizado, que jamás logran satisfacer en las parejas que tienen, algo que también es disfuncional en la vida.

Nos toca aprender desde dentro de nosotros mismos a inventar el Amor, a esculpir vínculos de pareja sanos, vínculos que funcionen, a saber distinguir y darme cuenta de qué necesito y qué necesita la otra persona, dónde no existan relaciones de dominación, poder, ni dependencia, dónde ambos miembros tengan todas sus necesidades cubiertas, intelectuales, emocionales, sexuales, y de proyecto común de vida, y dónde nos demos cuenta que en cualquier pareja, existen tres componentes, el primero, es la pareja, y los otros dos, cada uno de sus miembros por separado, que no puede reprimir su propio desarrollo personal por el mero hecho de estar en pareja. Esto es algo que trae insatisfacciones y muchas separaciones de personas que en el fondo sólo tenían que reinventar su relación y su forma de amarse.

  • Análisis a través del Eneagrama, del tipo de eneatipo al que corresponde cada miembro de la pareja. Me encuentro con parejas que me dicen, mira al principio me transmitía paz, y me enamoró eso de él, pero la verdad, es que ya no lo soporto, tanta tranquilidad, no puedo con ella, me irrita, … es entonces cuando entra el desconocimiento de la personalidad del otro, y lo que era maravilloso en un principio termina con los años siendo el peor de los infiernos. Este tipo de análisis y conocimiento de cómo es el perfil de personalidad del otro, ofrece respuestas y posibilidad de equilibrar cada eneatipo para que empiecen a comprenderse mutuamente. Sólo de la comprensión profunda de nosotros mismos y del otro puede surgir el amor sano, es necesario saber qué se puede cambiar y qué no, y cómo hacerlo.
  • Entrenamiento en comunicación no violenta y asertividad. Las parejas, y en general, los vínculos que funcionan, que podemos llamar sanos, son aquellos que tienen entre ellos una comunicación verbal no violenta, dónde existe la asertividad a la hora de expresar lo que nos duele o nos molesta, y dónde las necesidades son expresadas mutuamente y sin temor. La comunicación violenta no siempre grita, puede ser extremadamente sutil, a veces, puede pasar hasta desapercibida, y va menoscabando la autoestima del miembro que la recibe, o de los dos, si es mutua, y por lo cual, secando el árbol que simboliza el Amor del que hablábamos antes.
  • A veces, inconscientemente, nos comunicamos de forma violenta con el otro, por aprendizaje o hábito, y otras conscientemente, porque lo confundimos con sinceridad o sentido de humor. Os pongo ejemplos, “pásame la sal por favor, si es que eres capaz de diferenciarla de la azúcar…, claro”, y si la persona se molesta o se siente mal, seguir diciendo “no seas tan susceptible, resulta infantil, sólo era una broma”. Este es un gran ejemplo de comunicación violenta sutil, de acoso moral, como el sarcasmo tan inteligente que se puede leer en algunas frases de Oscar Wilde, que indudablemente pueden provocar risa, pero que, en las relaciones afectivas, menoscaba la autoestima de la persona que las recibe, y en ocasiones, esta forma de comunicarse, suele ir en ambas direcciones, coloquialmente hablando, es cuando con el escudo del humor, nos pasamos el día “dándonos pataditas”.
  • Expresión del dolor emocional, de las opiniones, y de las necesidades, así como el aprendizaje de poner límites, y aprender a decir “no”. El amor no puede doler, siento llevarle la contraria a Teresa de Calcuta, pero eso de “amar hasta que duela” no es sano, es patológico, y sólo crea relaciones de maltrato. Tampoco debe ser incondicional. Por educación, a las mujeres, se nos ha educado, en que una buena mujer debe ser de una determinada manera, y a los hombres igual, tienen que ser como establece la norma social de la época y el contexto de crianza. Esto afecta directamente a los vínculos que establecemos, ya que llevamos pautas programadas en nuestra conducta, que destrozan vínculos de pareja que podrían ser maravillosas si aprendiéramos formas sanas de comunicación.
  • Comunicación y exploración sexual. La sexualidad es una necesidad humana, y en la pareja es una parte muy importante que necesita ser cubierta. El descubrimiento de cada una de las partes de su sexualidad al completo, y del tercer miembro de la tríada que es la pareja, que es la pareja en sí, en una de las pautas que se trabajan en la terapia de pareja. Deseo, erotismo, sensualidad, fantasías, sexualidad, experimentación, establecimiento de los límites de cada uno de sus miembros, son algunos de los aspectos que deben ser trabajados y puestos en marcha para reactivar esta área.
  • Aspectos de la convivencia y las responsabilidades de la pareja con respecto a otros miembros de la familia si hubieran. De nuevo aquí entra en juego el aspecto cultural y social en el que ambos sexos hemos sido educados, se trate de parejas heterosexuales u homosexuales, la realidad es que cada miembro de la pareja tiende a adquirir un rol dentro de la familia por programación social o ejemplo familiar. Todo esto debe ser tratado en profundidad, para trabajar los cambios necesarios, que previo acuerdo, harían que ambos miembros estuvieran satisfechos con su vida en pareja.
  • Aspectos individuales de cada pareja. Cada ser humano es diferente, cada pareja también, como cada árbol que hemos estado utilizando como metáfora. Es en este punto dónde se trabajan aquellos aspectos que corresponden sólo y exclusivamente a la pareja que desea convertir su relación en un vínculo sano y saludable.

El éxito, si ambos miembros quieren trabajar en ellos mismos y en la pareja, y ninguno de los miembros tiene algún tipo de patología o trastorno mental severo, está asegurado. Esto significa que ambos miembros tienen que estar dispuestos a trabajar para provocar cambios en sus formas y hábitos. Si uno de los dos miembros, no desea apostar por sanar su relación, no debe recurrir a este proceso; para esas parejas, la mejor solución es la separación.

Seguir un programa de terapia de pareja es un compromiso serio de dos personas que deciden libremente comprometerse a ello.

Las parejas interesadas en seguir este proceso, deberán concertar una cita previa, en la que a través de  una sesión de 30 minutos, sin coste alguno, se expondrán problemas, se acordarán soluciones y pautas de trabajo, y después, podrán decidir libremente, si soy la persona que desean que les acompañe en el proceso.