La familia es la tribu actual más pequeña, el núcleo en el que se forjan los individuos, en el que nos hemos formado todos como personas. Los vínculos familiares, al igual que otros vínculos, pueden ser disfuncionales. Existen infinitos tipos de familia, cuando hablo de familia, hablo de personas que conviven en el vínculo del hogar y están formadas por diferentes miembros de una o varias generaciones, pueden ser padres, madres, abuelos, tíos, hijos, hermanos, familias monoparentales, formadas por personas de cualquier orientación o identidad sexual, se trata, al fin y al cabo de la tribu que convive y forma un núcleo que desea estar unido, y dónde el amor, el cuidado, el apoyo y la motivación es bidireccional.

La gran diferencia entre los vínculos que no son familiares y la familia en sí, es que te puedes cambiar de trabajo, dejar de contactar con una amistad, pero, ¿Qué pasa cuando la familia es disfuncional? ¿Qué pasa cuando una familia es consciente de que tienen hábitos que dañan a las personas que aman, que se están haciendo daño entre ellos, y realmente piden perdón? Que se transforman.

Y esta transformación es realmente el proceso de decir: esta familia va a sanarse, vamos a cambiar nuestras formas y hábitos de comunicación, vamos a dejar de herirnos, vamos a aprender todo aquello que no nos enseñaron, porque no sabían, para ser lo que queremos ser, una familia sana, que da a luz al mundo hijos que serán adultos sanos, empoderados y valiosos.

Hemos aprendido pautas y hábitos, que nos salen de forma automática al comportarnos, y que tendemos a repetir en nuestras familias. Nadie es culpable, todos tendemos a repetir conductas aprendidas desde la infancia de manera inconsciente. Y todos, hacemos las cosas lo mejor que sabemos.

Las familias pueden ser muy nocivas para los hijos que se están desarrollando emocionalmente hacia la etapa adulta, la pareja puede sufrir esa disfuncionalidad, los hijos, los nietos, todos, ninguno se libra de las consecuencias de una familia disfuncional.

Una familia es disfuncional cuando no es capaz de comunicar abiertamente sus emociones, cuando no respeta la manera de sentir del otro, cuando se ejercen abusos de poder o emocionales, cuando existen rasgos narcisistas entre sus miembros, cuando, de manera inconsciente o consciente, se llevan a cabo abusos morales continuos, que menoscaban la autoestima de alguno de sus miembros, cuando no son capaces de hablar y comunicarse con libertad y con asertividad, cuando hay secretos, cuando se hacen daño, cuando dicen que se quieren y no se cubren las necesidades emocionales, que esa tribu que es la familia, tiene la función de cubrir, de todos y cada uno de sus miembros.


Cuando hay descalificaciones, humillaciones, vejaciones, abusos de autoridad, falta de empatía, rasgos narcisistas, triangulación en la comunicación, y podría seguir con mil ejemplos, estas familias son disfuncionales, y sólo causan daño y dolor a sus miembros. La violencia no siempre es fuerza, la más sutil puede pasar casi desapercibida pero causa los mismos daños. A veces, cuando los miembros de una familia, adquieren la suficiente consciencia de que algo no funciona, y de que no saben hacerlo mejor, deciden que no quieren hacerse daño, porque el amor que se profesan es verdadero, es entones cuando necesitan aprender formas nuevas de relacionarse en su tribu familiar, dónde todos y cada uno de los miembros se sienta libre, respetado, apoyado, protegido, valorado, comprendido y amado.

Estas familias son familias valientes que deciden aprender formas nuevas de relacionarse en el vínculo familiar, dejar atrás los hábitos dañinos,  avanzar,  crear una tribu donde ninguno de sus miembros desee escapar para evitar el daño, y sienta que forma parte de ese gran árbol familiar, con raíces fuertes, capaces de afrontar el temporal más violento.

Las razones por las que una familia decide hacer un proceso de terapia familiar pueden ser muchas, de entre ellas, podría nombrar situaciones en las que existen problemas con hijos adolescentes, enfermedades que provocan cambios en los hábitos familiares, comunicación violenta y disfuncional, falta de comunicación, problemas emocionales de los hijos con respecto a los padres, hijos adolescentes que entran en esa etapa de descalificación aunque los padres no sean ejemplo de ello, pero sí son víctimas, problemas de adicción, o afrontamiento de conflictos familiares que han de resolverse en conjunto.

Es importante que aquellas familias que deseen ese proceso, concierten una cita previa, que no tiene coste alguno, de una duración de 30 minutos, dónde puedan exponer la situación, acordar soluciones y pautas de trabajo, y decidir entonces, si soy la persona que quieren que les acompañe en el proceso.

La familia es la tribu actual más pequeña, el núcleo en el que se forjan los individuos, en el que nos hemos formado todos como personas. Los vínculos familiares, al igual que otros vínculos, pueden ser disfuncionales. Existen infinitos tipos de familia, cuando hablo de familia, hablo de personas que conviven en el vínculo del hogar y están formadas por diferentes miembros de una o varias generaciones, pueden ser padres, madres, abuelos, tíos, hijos, hermanos, familias monoparentales, formadas por personas de cualquier orientación o identidad sexual, se trata, al fin y al cabo de la tribu que convive y forma un núcleo que desea estar unido, y dónde el amor, el cuidado, el apoyo y la motivación es bidireccional.

La gran diferencia entre los vínculos que no son familiares y la familia en sí, es que te puedes cambiar de trabajo, dejar de contactar con una amistad, pero, ¿Qué pasa cuando la familia es disfuncional? ¿Qué pasa cuando una familia es consciente de que tienen hábitos que dañan a las personas que aman, que se están haciendo daño entre ellos, y realmente piden perdón? Que se transforman.

Y esta transformación es realmente el proceso de decir: esta familia va a sanarse, vamos a cambiar nuestras formas y hábitos de comunicación, vamos a dejar de herirnos, vamos a aprender todo aquello que no nos enseñaron, porque no sabían, para ser lo que queremos ser, una familia sana, que da a luz al mundo hijos que serán adultos sanos, empoderados y valiosos.

Hemos aprendido pautas y hábitos, que nos salen de forma automática al comportarnos, y que tendemos a repetir en nuestras familias. Nadie es culpable, todos tendemos a repetir conductas aprendidas desde la infancia de manera inconsciente. Y todos, hacemos las cosas lo mejor que sabemos.

Las familias pueden ser muy nocivas para los hijos que se están desarrollando emocionalmente hacia la etapa adulta, la pareja puede sufrir esa disfuncionalidad, los hijos, los nietos, todos, ninguno se libra de las consecuencias de una familia disfuncional.

Una familia es disfuncional cuando no es capaz de comunicar abiertamente sus emociones, cuando no respeta la manera de sentir del otro, cuando se ejercen abusos de poder o emocionales, cuando existen rasgos narcisistas entre sus miembros, cuando, de manera inconsciente o consciente, se llevan a cabo abusos morales continuos, que menoscaban la autoestima de alguno de sus miembros, cuando no son capaces de hablar y comunicarse con libertad y con asertividad, cuando hay secretos, cuando se hacen daño, cuando dicen que se quieren y no se cubren las necesidades emocionales, que esa tribu que es la familia, tiene la función de cubrir, de todos y cada uno de sus miembros.

Cuando hay descalificaciones, humillaciones, vejaciones, abusos de autoridad, falta de empatía, rasgos narcisistas, triangulación en la comunicación, y podría seguir con mil ejemplos, estas familias son disfuncionales, y sólo causan daño y dolor a sus miembros. La violencia no siempre es fuerza, la más sutil puede pasar casi desapercibida pero causa los mismos daños. A veces, cuando los miembros de una familia, adquieren la suficiente consciencia de que algo no funciona, y de que no saben hacerlo mejor, deciden que no quieren hacerse daño, porque el amor que se profesan es verdadero, es entones cuando necesitan aprender formas nuevas de relacionarse en su tribu familiar, dónde todos y cada uno de los miembros se sienta libre, respetado, apoyado, protegido, valorado, comprendido y amado.

Estas familias son familias valientes que deciden aprender formas nuevas de relacionarse en el vínculo familiar, dejar atrás los hábitos dañinos,  avanzar,  crear una tribu donde ninguno de sus miembros desee escapar para evitar el daño, y sienta que forma parte de ese gran árbol familiar, con raíces fuertes, capaces de afrontar el temporal más violento.

Las razones por las que una familia decide hacer un proceso de terapia familiar pueden ser muchas, de entre ellas, podría nombrar situaciones en las que existen problemas con hijos adolescentes, enfermedades que provocan cambios en los hábitos familiares, comunicación violenta y disfuncional, falta de comunicación, problemas emocionales de los hijos con respecto a los padres, hijos adolescentes que entran en esa etapa de descalificación aunque los padres no sean ejemplo de ello, pero sí son víctimas, problemas de adicción, o afrontamiento de conflictos familiares que han de resolverse en conjunto.

Es importante que aquellas familias que deseen ese proceso, concierten una cita previa, que no tiene coste alguno, de una duración de 30 minutos, dónde puedan exponer la situación, acordar soluciones y pautas de trabajo, y decidir entonces, si soy la persona que quieren que les acompañe en el proceso.



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