LA SUSCEPTIBILIDAD, UN VENENO LENTO

Todos somos un poco susceptibles, en ocasiones, en circunstancias especiales, con determinadas personas, pero, algunos de nosotros podemos ser altamente susceptibles, y lo más probable es que se niegue serlo.

Los que están a nuestro alrededor, los de nuestro círculo más íntimo lo saben, lo saben, porque en cierta manera lo padecen, al igual que la persona que es altamente susceptible.

Los extremos son malos, tan malo es no ser capaz de captar un comentario agresivo y normalizarlo, como ser tan susceptible, que esto nos haga ser extremadamente sensibles a las acciones y comentarios de los demás. Esta es la realidad que padecen las personas con la característica de la alta susceptibilidad en su personalidad.

Las personas altamente susceptibles tienen mucho miedo al rechazo, o a las burlas, y suelen reaccionar (ellos no ven que atacan), de manera agresiva o vengativa contra las personas que no las tratan o les dicen lo que ellas creen merecer. Suelen carecer de sentido de humor y de tolerancia a las bromas o a las críticas,

Lo que más hace padecer al entorno y al a propia persona susceptible, no es sólo que no sepan aceptar ciertos rechazos, o burlas, sino que además suelen ver ataques de los demás en cualquier comentario o crítica, y estos ataques sólo están realmente en su imaginación.

En cierta manera, han desarrollado una forma de pensar y de relacionarse que las hace siempre estar a la defensiva y buscando cualquier mínima pista que les indique que alguien está intentando hacerle daño. Y claro, de tanto buscar, siempre encuentran algo, porque su interpretación se realiza en la propia imaginación.

Analizan cada mirada, cada gesto, cada palabra de la gente que está a su alrededor buscando segundas intenciones de las que protegerse. Por eso suelen ser personas que siempre están en alerta, hipervigilantes, y saltan ante la mínima provocación, ya sea real o imaginada.

Esta característica, modificable, de su personalidad, pueden traerles complicaciones por su comportamiento con los demás, en las relaciones personales y laborales, no sólo por el alto nivel de ansiedad que soportan, sino en su salud mental, por los fracasos que implican relacionarse así de manera íntima.

¿Por qué son muchas personas tan susceptibles?

Si queremos buscar causas, son simples y claras. La susceptibilidad suele estar causada por una baja autoestima, se forja en la educación de niños, a través de las exigencias que una persona recibe desde su primera infancia. Los padres de las personas altamente susceptibles suelen haberles educado en unos niveles altísimos de exigencia. Además, estos padres, tendieron a ignorar los éxitos del niño, considerándolos como lo normal, lo mínimo, lo esperable, y castigar duramente los fracasos, física o emocionalmente.

Un niño que se educa de esta manera crece sin poder desarrollar una autoestima de una manera equilibrada, ya que no es capaz de aceptarse a sí mismo al completo, con sus cualidades y sus carencias, sino que está continuamente comparándose con ese ideal que sus padres le han marcado.

Un niño educado así crece sin estar seguro de merecer el aprecio incondicional de sus padres por el simple hecho de ser quién es, así que en su crecimiento le acompaña el miedo a ser rechazado por ellos, y en futuro, de adulto, acaba generalizando ese temor a todas las personas que le rodean.

Cuando ese niño crece, tiende a interiorizar esas exigencias de los padres como propias y a convertir ese ideal que le han impuesto en lo que él debe llegar a ser. Por ello, nunca podrá conocerse de una manera realista, haciendo un balance de sus cualidades positivas y carencias, sino que tenderá a ocultar sus defectos, considerándolos como algo imperdonable e intentando escondérselos a los demás a cualquier precio.

Las personas susceptibles viven con una constante ansiedad, luchando día a día para mantener esa imagen de sí mismos que se han creado. Cualquier comentario o crítica de los demás se verá como un ataque contra esa imagen, por lo que reaccionarán de manera excesiva, llegando incluso a la agresividad.

¿Cómo reconocer la alta susceptiblidad?

Antes de explicar las características que podemos observar, es importante decir, que la principal es la negación, es decir, las personas que tienen en su personalidad esta característica no suele aceptar que es así y suele culpar a los demás de su problemas interpersonales. Suelen negar que tengan estas características y además llegan a explicarlas según su enrevesada manera de ver la vida. En cambio, las personas que conviven con alguien que tiene este problema, pueden identificarlas sin más. Traspasando la negación, en un entorno seguro, la persona poco a poco, podría concienciarse que este problema le afecta a su vida y a sus relaciones, y le provoca un sufrimiento inútil. Si consigue traspasar la negación, podría eliminar los padecimientos que le provocan esta característica.

Enumeremos los síntomas:

  1. Crítica excesiva: Suelen criticarse duramente a sí mismos cuando no alcanzan el ideal que se han impuesto y que ellos consideran el mínimo aceptable. Asimismo, suelen ser muy críticos, duros y exigentes con los demás, no tolerando el más mínimo fallo o error.
  2. Exigencia alta: Son muy exigentes consigo mismos y con las metas que se imponen. Los errores para ellos son imperdonables y rechazan sus limitaciones o carencias, hasta el punto de que para ellos sencillamente no existen.
  3. Atribución externa: Nunca aceptan su parte de responsabilidad en los fracasos. Lo achacan siempre al exterior, normalmente a la envidia o los malos sentimientos de los demás hacia ellos.
  4. Hipersensibilidad al rechazo: Cualquier palabra o gesto que ellos interpreten como rechazo les hace mucho daño. Pueden torturarse durante días con gestos o comentarios que otros consideraríamos sin importancia, ya que son incapaces de evaluarse de manera realista y ver si esa crítica estaba justificada.
  5. Ignoran los halagos: Cuando se les hacen cumplidos o se les refuerza, no prestan atención. Necesitan desesperadamente esa aprobación de los demás pero, cuando se les da, son incapaces de verla o incluso pueden interpretarla de manera negativa, como si se la estuvieras dando con una segunda intención o de manera cínica.
  6. Egocentrismo: Creen que todo el mundo gira alrededor suyo, que todas las miradas están puestas en ellos, que toda conversación entre dos personas se hace para criticarles… Interpretan cualquier suceso como relacionado con ellos y normalmente de manera negativa.
  7. Atribuciones negativas: Ven segundas intenciones en todo, en las miradas, las palabras, los tonos de voz…
  8. Fragilidad emocional: Cualquier crítica les duele de manera exagerada y puede hacer que se derrumben y reaccionen con llanto o con agresividad.
  9. Necesidad exagerada de la aprobación de los demás: Como son incapaces de valorarse a sí mismos, necesitan desesperadamente ser el centro de atención y ser valorados positivamente por los otros.
  10. Falta de criterio sobre sí mismos: Son incapaces de hacer una valoración realista de sus cualidades y rechazan de tal manera sus limitaciones que para ellos ni siquiera existen. Su nivel de autoconocimiento es muy escaso.
  11. Negativa a aceptar críticas: No pueden escuchar una crítica, ni aunque esté fundamentada y sea formulada de manera constructiva. Directamente se niegan a escuchar y piensan que la intención de la persona es hacerles daño.
  12. Incapacidad de escucha: No escuchan realmente lo que la otra persona les está diciendo, sino lo que ellos han interpretado, por lo que discutir con ellos suele resultar muy difícil y frustrante.
  13. Agresividad: Suelen mostrar un carácter muy agresivo ante el rechazo o las críticas, pero no reconocen que lo tienen. Al contrario, suelen interpretar que ellos son las víctimas de los demás, por lo que esperan que sean los otros lo que se disculpen con ellos y nunca suelen pedir perdón. Si lo hacen es por estrategia, nunca con conciencia.

 

Técnicas para reducir la susceptibilidad: Reeducar los pensamientos

Una de las causas de la susceptibilidad exagerada es la manera en que la persona que la sufre estructura sus pensamientos. Estas personas tienden a buscar intenciones ocultas en los demás, ven signos de rechazo en la conducta de quienes les rodean y son incapaces de aceptar una crítica. Su modelo de pensamiento es altamente negativo y les impide llevar unas relaciones interpersonales satisfactorias, además de producirles grandes dosis de sufrimiento. Por ello es necesario trabajar sus esquemas de pensamiento en los siguientes ámbitos:

 

Relativizar: Deben aprender a valorar los hechos y palabras de los demás en su justa medida y a juzgar lo que realmente sucede y qué importancia verdadera tiene para ellos. Mientras no aprendan a dejar de ver la vida en términos de blanco o negro, no conseguirán dejar de ser tan extremistas.

Menor implicación: No todo es extremadamente importante ni la valoración de todo el mundo es vital. Deben aprender a no implicarse en todo de manera obsesiva. No pueden ser perfectos en todo ni gustarle a todo el mundo pero eso no significa que sean malas personas o que carezcan de valor para los demás.

Ser menos duros consigo mismos: Deben aprender a cometer errores, fracasar y no ser capaces de llegar a las metas sin torturarse con críticas destructivas por ello. Mientras no se den cuenta de que los errores son normales y parte del proceso de aprendizaje de una persona, continuaran sufriendo con los ideales imposibles que se han marcado.

Analizar sus ataques de ira: En el momento en el que se enfadan, deberían ser capaces de pararse a analizar el por qué de ese enfado, si está basado en hechos reales o simples conjeturas y si realmente es tan grave como para haber desatado la agresividad que sienten.

Comparar: Ante un sentimiento de agresividad o de estar siendo tratado de manera injusta, sería bueno que la persona susceptible fuese capaz de analizar cómo se sentiría otra persona si le sucediera eso, si llegaría a sentirse tan mal como ella se siente y cómo reaccionaría. Eso le ayudaría a conseguir otro punto de vista y desarrollaría su empatía.

Detener la sospecha: No hay segundas intenciones en todo. El resto del mundo no está fijándose en la persona susceptible con la única intención de hacerle la vida imposible. Mientras no sea capaz de parar ese tipo de pensamientos y empezar a plantearse qué parte de ellos están basados en hechos reales y cuáles son simples interpretaciones, será imposible superar la susceptibilidad.

Aceptar las críticas: Hay que aprender a aceptar las críticas constructivas que hayan sido bien formuladas y saber extraer de ellas la parte que nos haga mejorar. También es necesario saber identificar las críticas destructivas, formuladas sin razón y con la única intención de hacer daño, y aprender a ignorarlas y no torturarnos con ellas.

Si estos esquemas de pensamiento son tan automáticos y resistentes al cambio que la persona no se ve capaz de alterarlos por sí misma, debería plantearse buscar la ayuda de un psicólogo que pueda guiarle en el tratamiento. Igual que si te duele una muela, acudes al dentista.

 

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